sábado, 28 de julio de 2012


LAS CUATRO NOBLES VERDADES

Meditacion Vipassana


Absolutamente nada de lo que hacemos, decimos, sentimos o pensamos está exento de consecuencia. Por muy insignificante que pueda parecer una acto, pensamiento, sentimiento o palabra todo tiene una consecuencia o efecto, a nivel visible o invisible, de manera palpable o no palpable, toda acción tiene una consecuencia, un resultado, un efecto sobre la materia, ya sea a nivel molecular o a nivel atómico.

La mente, el pensamiento y las emociones, la palabra, tienen energía y esa energía tiene más o menos fuerza en el mundo de la materia, generan unos efectos mas o menos visibles a corto o a medio plazo en el mundo molecular y atómico de la materia.

No importa que las consecuencias de lo que hacemos, pensamos o decimos sean visibles o no, detectables o no por nuestros sentidos, no importa lo sutil que pueda ser un pensamiento, palabra o sentimiento...todo tiene una consecuencia positiva o negativa, dicha consecuencia existe, el resultado es manifiesto aunque no veamos o no reconozcamos el efecto de inmediato.

El simple hecho, por ejemplo, de levantar una piedra que lleva cierto tiempo en el suelo, constituye una amenaza para los insectos o para los miles de seres microscópicos que se habrán refugiado debajo de ella. Lo mismo sucede cuando removemos un trozo de tierra. Todos nuestros actos, por muy justificados que parezcan estar tienen unas consecuencias a nivel del karma, cuanto más si no están justificados.
El pensamiento también tiene efectos sobre la materia, no importa que no veamos esos efectos, o que dichos efectos se produzcan a largo plazo, todo acción, pensamiento o palabra produce un resultado, una modificación, influencia o transformación en el cuerpo, o en el pensamiento o en las emociones de los demás seres o cosas, en el conjunto de los demás seres sensibles.

No tener en cuenta estos efectos hace que cometamos infinidad de equivocaciones y errores en el mundo material y en el mundo sutil y todo error se paga. El ser humano a menudo es victima de fuerzas sutiles que le perturban a nivel mental, vital, emocional, esto es porque a cometido algún error o errores de consecuencias negativas hacia al mundo sutil, hacia al mundo que no ve o no percibe.
La ignorancia, justificada o no, no nos libra de las consecuencias de nuestros actos, pensamientos, sentimientos y palabras. Aquel que con ignorancia o inconsciencia causa dolor, perturbación de algún tipo, sufre o sufrirá más tarde ese mismo dolor o perturbación aunque la acción halla sido cometida sin conocimiento de la causa.
La ignorancia no es una protección, no nos exime de responsabilidad.
Desgraciadamente, el ser humano comete muchos errores y no se da cuenta de que los ha cometido hasta que sufre las consecuencias de los mismos, si es que se percata de ello. Este es el procedimiento mediante el cuál vamos adquiriendo sabiduría, tanto en el mal como en el bien, así es como vamos descubriendo que es lo que está mal y que es lo que está bien, a nivel relativo y convencional, a nivel de los sentidos claro está. La ciencia aprende a menudo de los errores y el ser humano también.

El bien y el mal son relativos, algo es bueno o es malo dependiendo de nuestras sensaciones e impresiones. Asociamos a menudo lo bueno con lo agradable y deseable y lo malo con lo desagradable o indeseable. Sin embargo, a veces, lo indeseable es bueno y lo deseable no lo es.

Es necesario y fundamental estudiar y conocer profundamente la ley que relaciona los actos y las consecuencias en el mundo en que vivimos, afín de conocer, de antemano, las consecuencias de todo lo que hacemos y de evitar errores y sufrimientos indeseables, a corto o a medio plazo.

Hoy en día, un científico ensaya miles de veces mediante la experimentación, con el objetivo de conocer los efectos y resultados de sus experimentos y hallazgos y determinar así, las aplicaciones prácticas de sus descubrimientos.

Pues, de la misma manera, nadie, debería hacer, decir o pensar nada sin saber antes cuáles son las consecuencias de sus actos, pensamientos, sentimientos y palabras a no ser que quiera arriesgarse a desencadenar consecuencias indeseables para sí mismo o para los demás.

Existe una ley universal que rige el derecho de todos los seres de ser y manifestarse en armonía y en paz. Todo aquello que atenta contra ese derecho es sometido a la ley del Karma y la ley del Karma está regida por la ley del Talión, “ojo por ojo, diente por diente”, afín de que todo aquel que ignora la consecuencia de sus actos, pensamientos y palabras pueda conocer, a través de su propia experiencia, dicha relación entre sus acciones y las consecuencias o efectos generados.

Si no fuese así, podríamos cometer errores y equivocaciones y generar sufrimiento, malestar y perturbación de manera indefinida hacia los demás, a causa de nuestra ignorancia y entonces, el universo se convertiría en un caos, lleno de dolor y de sufrimiento sin fin, por causa de la ignorancia y de la ignorancia de los seres inconscientes.

El mal existe en el universo, esto es una realidad, no todo es orden y armonía, pero ese desorden, ese caos está confinado, tiene un límite y ese límite está definido o delimitado por la ley del Karma, por Anubis, por los jueces de la ley Universal.

El hombre no está sometido solamente a leyes terrenas que intentan garantizar la armonía, el bienestar, la buena convivencia a nivel terreno, está sometido también a leyes universales que desgraciadamente infringe constantemente a causa de su ignorancia, creando Karma negativo constantemente, hipotecando así su bienestar y su derecho a vivir en armonía en esta vida y en vidas venideras, de acuerdo a la ley de recurrencia y reencarnación que también nos rigen.

Así como la ley terrena nos juzga y nos hace pagar nuestros errores en esta vida, la ley universal actúa con el objetivo, no de castigar, sino de enseñar, y para ello no existe un límite de tiempo, pude posponerse el juicio y el cumplimiento de la condena para más tarde, en vidas posteriores, afín de que en la vida actual, el individuo pueda enmendar todavía su falta o error si se da cuenta de que ha cometido un error.

Lo normal es que no se percate de su error y el karma, entonces actúa, más tarde, pero actúa.
Una de las desventajas de este método, es decir, de aplicar el castigo por llamarle así , mucho mas tarde que la falta, es que el individuo, de esta manera, se olvida de cual es la razón por la que está sufriendo y de esta manera no aprende a relacionar la consecuencia con las causas, con lo cuál, vida tras vida comete el mismo error, generando sufrimiento o perturbación y sufriendo a consecuencia de esa perturbación que genera.

Y así, hasta que llega un momento en que los seres que forman la humanidad viven en el caos, generándose los unos a los otros mucho dolor y sufrimiento, entonces se hace necesaria la intervención de un ser superior que nos enseñe una serie de normas de conducta y una serie de disciplinas, que nos enseñe el Dharma, afín de desterrar la ignorancia, que es la madre de todos los errores y sufrimientos.

Este ser superior deja en manos de ciertos individuos la tarea de difundir y adaptar sus enseñanzas para que llegue al mayor número de seres y que poco a poco, la humanidad recupere el orden, la sensatez.
Por un tiempo la humanidad parece salir de la oscuridad de la ignorancia, hasta que el fanatismo de algunos trastocan e invierten las enseñanzas originales, confunden a la humanidad y esta vuelve al caos.

Cuando esto sucede, se hace necesaria, nuevamente, la venida de un nuevo ser superior pero puede darse la circunstancia de que la sociedad está tan degenerada, tan caótica y desordenada que sea necesario eventos muy desagradables como es la guerra, una dictadura, el terror, que sumen a la humanidad en un estancamiento general que provoca la reflexión en el ser humano, antes de que sea posible la instrucción de un ser superior que le de un nuevo empujón a la humanidad.

Este empujón ocurre aproximadamente cada dos mil años y en esta época estamos necesitando un nuevo empujón, esto es obvio, aunque todavía no hemos tocado realmente fondo y esto es motivo de inquietud, pensar que las cosas todavía tienen que empeorar más.
En ese período de tiempo de dos mil años el mundo vive altibajos regulares, rítmicos, gobernados por las influencias sutiles del cosmos en la psiquis del ser humano.

Es triste pensar que todo lo bueno y todo lo malo que ocurre regularmente en el planeta no es más que el resultado de influencias planetarias externas en los influenciables y delicados cerebros humanos.
Los planetas son como imanes, cuando estos se acercan o se alejan, o cuando estos se alinean, dichas fuerzas se hacen sentir en todas las partículas, incluyendo nuestras sensibles y delicadas neuronas, haciendo que todos, a nivel particular y colectivo, provoquemos cambios en el conjunto de la sociedad.

Dado que esas alineaciones, acercamientos son regulares, las influencias y los cambios son también regulares. De esta manera, todos los seres, inconscientemente, siguen el mismo ritmo que sigue el cosmos y el universo, atracción, repulsión y reposo y, también, esto explica, en parte, el porqué los acontecimientos del pasado se repiten con una cadencia de tiempo determinada.

Si queremos liberarnos de estas influencias cósmicas no tenemos más remedio que despertar y hacernos conscientes, desechar todo atisbo de ignorancia e inconciencia.
Esa es la finalidad del Dharma, hacer que el individuo se vuelva consciente, despierto y pueda liberarse de toda influencia y de todo condicionamiento y de toda mecanicidad, que pueda recuperar su libertad, tal cuál la tuvo, antes de ser presa de la materia y de las sensaciones, de los deseos, antes de generar hábitos y adicciones y dependencias físicas, emocionales y mentales.

Pero cuando hablamos de libertad del individuo, ¿de que parte del individuo hablamos? Pues, hablamos de la mente y del espíritu, fundamentalmente, porque eso es lo que somos en definitiva, y ahí es donde reside el sufrimiento y también la felicidad, aunque el cuerpo y los sentidos condicionan la verdadera felicidad qué es propia, innata y original del espíritu. No olvidemos que la naturaleza original de nuestra mente es la vacuidad, el vacío, un estado en donde sólo reina la quietud.

Para que la mente entonces sea libre, ¿de qué tiene que liberarse? De los condicionamientos del cuerpo, de las reacciones que surgen como consecuencia de las sensaciones agradables y desagradables, del apego a las cosas agradables y el rechazo o aversión a las cosas desagradables. No es que halla que rechazar al cuerpo, ni a la materia, ni a nada, sino que hay que liberarse de las emociones que perturban a la mente y que se forman a raíz de las sensaciones que penetran a través de los sentidos y que provienen de la materia.
Es bueno aclarar esto, no hay que liberarse de la materia, ni del cuerpo, sino de las emociones que condicionan la neutralidad de la mente, a la serenidad y a la armonía primordial que le es innata.

Como reza un dicho Zen, la vida es esencialmente perfecta. Obsérvala y acéptala tal cuál es, no la rechaces pero tampoco te apegues a ella, no te apegues al cuerpo ni al mundo de las sensaciones, no condiciones la libertad universal de tu mente a la materia.

Nadie va a liberar a su mente del apego ni de la aversión generados durante millones de vidas flagelando su cuerpo, o reprimiéndolo de sus necesidades, aunque sean relativas, contraídas durante ese tiempo.
La liberación de la mente es un camino de comprensión de nuestro subconsciente y de transformación gradual de uno mismo, no es un proceso de represión o de tortura gradual.
Es importante aclarar esto.

Esto no significa que podamos justificar nuestras debilidades eternamente, sino de que debemos tener cierta paciencia y tener cierta tolerancia o flexibilidad, mientras estamos intentando cambiar, caso de que seamos débiles o de si cometemos errores en el intento. ¡Esto es diferente!
El ego es algo que se ha formado desde el principio de eso que llamamos Big Ban, y se ha fortalecido dentro de nosotros durante miles de millones y trillones de años y tiene usurpada gran parte de nuestra inteligencia y sabiduría.

Cambiarlo, convencerlo de que tiene que ser diferente y de que tiene que cambiar sus hábitos y tendencias egoístas no es fácil de un día para otro, ni en una sola vida.
El camino de la liberación es gradual, pero hay que iniciarlo, tarde o temprano tenemos que hacerlo, porque el sufrimiento de las vidas cíclicas, mecánicas y repetitivas nos hará desear liberarnos de esta rueda de renacimientos y muertes, que en el Budismo, se denomina Samsara. Tarde o temprano nos cansaremos de renacer y hacer siempre lo mismo.

Esto fue lo que comprendió el Buda y por eso, gran parte de su vida la dedicó a encontrar la manera, un método para poder liberar la mente de los condicionamientos de las percepciones y sensaciones del cuerpo.
Durante toda su vida estudió bajo la dirección de muchos maestros y muchas tradiciones y probó infinidad de métodos, entre los cuáles esta el ayuno, la mortificación del cuerpo, el abandono del cuerpo, y probó muchos métodos de meditación y concentración y técnicas diferentes, pero ninguna conseguía liberarlo realmente, de manera definitiva.

En su búsqueda, un día, cansado de tanto buscar, probar e insistir, tomó la firme decisión de sentarse a meditar debajo de un árbol y de no levantarse hasta no conseguir la iluminación total.
Intuyó que tenía que haber una conexión directa entre el cuerpo y la mente y que la raíz del sufrimiento y convulsión de la mente provenía del cuerpo y de las sensaciones, así, que decidió desconectar sus sentidos de las percepciones externas y concentró su mente sólo en las sensaciones de su cuerpo para descubrir toda sensación que pudiese existir en cada célula y en cada átomo de su cuerpo y adoptar una actitud neutral ante la percepción de esas sensaciones, ya fuesen agradables o desagradables, y no generar una actitud parcialista y condicionada por el deseo y el apego que surgen como consecuencia de las sensaciones agradables, ni reaccionar con desagrado a las sensaciones desagradables, para no generar aversión, rechazo, que sacaran a su mente de un estado de observación serena y objetiva, sin identificación. Su idea era devolver a la mente su estado original.

Durante horas y horas el Buda permaneció inmóvil, sentado, atento a su respiración y a las sensaciones de su cuerpo, observando primero las sensaciones más externas y más burdas y poco a poco fue penetrando hasta las más sutiles, hasta lograr hacerse consciente de la vibración de cada una de sus células y átomos de su cuerpo, consiguió disgregar y disolver la estructura corporal en átomos y sentirlos vibrar dentro de sí.

Percibió la vibración y el movimiento de cada una de estas partículas y descubrió algo fundamental, que la vida es vibración, movimiento y sonido, calor, luz, color. Penetró con su conciencia en un plano de manifestación atómico y molecular en donde se gesta toda forma y toda materia, comprendió el origen del universo y de todo lo que existe, hasta que llegó a un plano en donde toda vibración, toda sensación, todo movimiento, todo color, toda forma, todo sonido…desaparecen y en donde todo se convierte en quietud y no quietud, en nada y no nada, en vacío y en no vacío. Buda llegó a ese punto en donde no es posible ir más allá, llegó a ese plano en donde todo surge y todo desaparece, llegó al origen de todo lo que existe y se convirtió en un Buda iluminado en todos los niveles de su consciencia.

Una vez lograda tal hazaña, el Buda era capaz de ver los átomos de la materia, de ver el origen de las cosas antes de que se formasen o sucediesen, comprendía de antemano las consecuencias de cualquier acto, pensamiento o palabra y su influencia sutil en la misma materia. Buda era capaz de percibir las vibraciones de las piedras, de hablar con ellas, era capaz de percibir las sensaciones de cualquier molécula de cualquier ser y sentir las sensaciones de cada átomo de cualquier ser, era capaz de ver el karma y el origen y las consecuencias, la relación de cualquier consecuencia y de cualquier acción, ya sea a nivel molecular o a nivel del pensamiento, originado por cualquier ser, Buda podía ver la mente de los seres, saber lo que pensaban, lo que temían, lo que deseaban y la razón por la que cualquier ser pasaba por una determinada experiencia. Buda comprendió esa relación y la llamó Karma.

Buda comprendía el origen de todo fenómeno y de todo sufrimiento, de toda forma y de todo pensamiento, pero fue aún más allá: se dio cuenta de que al margen de las formas, los colores, los olores y la manifestación de cualquier ser, animado o inanimado, todo estaba hecho de lo mismo, se dio cuenta de que, a nivel relativo, a nivel de los sentidos ordinarios existen diferencias porque los sentidos nos hacen crear reacciones físicas, emocionales y mentales según sea la naturaleza de la percepción que recibimos a través de esos sentidos y que por ello, creamos diferencias entre las cosas, generamos aversión por las que percibimos como desagradables y las consideramos indeseables, generamos rechazo, temor y hostilidad y al contrario sucede cuando cuando lo que percibimos es agradable a los sentidos.

Cuándo esto es así, generamos simpatía, deseo, apego, celos, deseos de posesión, codicia, envidia...se dio cuenta de que la mente no permanece en un estado de ecuanimidad, equilibrio y justicia, si estamos identificados constantemente reaccionando ante los estímulos de las percepciones y por eso generamos karma, porque no tratamos a los seres y a las cosas como deben realmente ser tratadas, con respeto y con una sensación de ser algo semejante, algo que forma parte de nosotros mismos, y que está hecho de lo mismo que estamos nosotros hechos y que siente igual que nosotros, no importa la forma, la manera de manifestarse que tenga la vida. En realidad, todo es perfecto y santo y todo ha sido diseñado para vivir en armonía y en paz, pero nosotros, nuestras percepciones subjetivas corpóreas han creado des armonía y hostilidad en todo nuestro alrededor y así, los unos para con los otros. Nosotros hemos creado el infierno en que vivimos y en que viven los demás y sufrimos las consecuencias de nuestros actos, pensamientos y palabras a cada momento.

Nosotros hemos creado el horror, en donde en principio todo era perfecto, paradisíaco, un Edén, como narra la biblia, vivíamos en el Nirvana, como los Budas y como consiguió vivir Él, el Buda Gautama, después de conseguir la iluminación.

Buda comprendió que no era necesario seguir viviendo en este mundo, que no necesitaba el cuerpo para ser feliz, pero aún y así, decidió permanecer en el mundo para ayudar a los seres a salir del sufrimiento.

La primera enseñanza que dio el Buda después de conseguir la iluminación, fue: “Las cuatro nobles verdades acerca del sufrimiento” y que decían:

1º- El sufrimiento existe.

2º- Todo sufrimiento y todo fenómeno tienen una causa, no existe por tanto la casualidad sino la causalidad. Todos los fenómenos tienen, por tanto una causa, aunque no seamos capaces de reconocerlas o verlas con nuestros limitados sentidos corpóreos.

3º- Todo sufrimiento y todo fenómeno puede cesar o ser transformados si conocemos sus causas.

4º- Existe, pues, siempre, una posibilidad, un método para cesar el sufrimiento y todo fenómeno.

De esta manera, habiendo pronunciado el Buda su primera enseñanza, formuló el siguiente deseo y por el cuál se dedicó, desde entonces, durante toda su vida, para que los seres saliesen de todo sufrimiento.

El Buda recitó el siguiente deseo:
Que todos los seres reconozcan la infelicidad y sus causas.
Que todos los seres conozcan la felicidad y sus causas.
Que todos los seres acepten y practiquen con diligencia las cuatro nobles verdades.

A partir de ese momento, el Buda puso en movimiento la rueda del Dharma; la rueda del conocimiento y la sabiduría qué empezó a girar y sigue girando y girando, desde hace 2500 años, desde que el Buda, un ser como nosotros, que conoció la felicidad y la infelicidad, encontró la manera de cesar la desdicha.

Su método aún hoy se conserva y se llama “Meditación Vipassana” y ésta es la llave que puede llevarnos a muchos de nosotros a salir rápidamente de la desdicha, no en una próxima vida, no en unos años, sino, ahora. No con complicadas y arriesgadas filosofías y técnicas, ni con extraños ritos que apenas entendemos para que sirven, ni adorando a seres invisibles, que no sabemos donde están y ni siquiera, si nos escuchan o si pueden hacer algo para liberarnos, aunque sea sólo un segundo, de la desdicha.

Nada ni nadie, esté donde esté, llame como se llame, tiene más poder que nosotros para que podamos liberarnos del dolor. Ni siquiera el Buda, aunque tuviéramos la suerte de tenerlo a nuestro lado tendría ese poder, si nosotros no movemos ni un sólo dedo, ni Cristo, ni Mahoma, ni Jehová, ni krishna, ni ningún dios de ninguna religión o tradición, por muy exótica y coherente que parezca.

Con esto no debemos de pensar que no se debe creer en nada, que no existe nada, eso no bueno, porque puede llevarnos a un estado de mucho orgullo. A veces es bueno desarrollar la devoción hacia algo que consideramos superior, sagrado, a alguna fuerza que nos inspire bondad, protección, perfección. No hay nada de malo en creer en un aspecto superior y llamarle de alguna manera e inspirarnos para desarrollar esa cualidad positiva para serenar nuestra mente y apaciguar el orgullo, eso está bien.

Pero lo que no está bien es adorar a un ser invisible, idolatrarlo y creer que nos puede salvar y sacar del infierno que nosotros hemos creado y que está en nuestra mente, o simplemente adorarlo y creer en él para que nos cambie la vida y la haga buena para nosotros y mala para los demás. Esta forma de proceder es errónea, equivocada,  nada más, utilizado por nuestro ego, preocupado por las satisfacciones y los deseos y los temores, casi siempre egoístas, para más colmo.

Es preferible declararse ateo, y luchar en la vida para salir adelante, de manera honesta y responsable y ser altruistas y generosos. Ésto tiene más valor que aquél que se auto califica como creyente o devoto o seguidor de tal o cuál religión y se piensa, por ello que es especial y va a tener algún tipo de recompensa después de muerto, o algún trato especial en la vida.

Ya hemos hablado de ésto, de la ignorancia, el fanatismo y el materialismo espiritual en el que es tan fácil caer, en donde casi todos hemos caído.

El cielo está lleno de ateos y el infierno, plagado de creyentes.

Un enlace de la página website internacional de Vipassana, en donde podréis encontrar información de los diferentes lugares en donde se imparten cursos de meditación Vipassana:

 http://www.spanish.dhamma.org/

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