jueves, 17 de enero de 2013

  COMPRANDO EN EL PEQUEÑO COMERCIO GANAMOS "TODOS"



“A mi me gusta vivir en lugares A LA MEDIDA DE LAS PERSONAS, donde el tiempo deje huella, donde la gente se salude al pasar. No me gustan las ciudades levantadas únicamente con la fuerza del dinero, al gusto de las grandes corporaciones, clónicas a otras ciudades en la otra punta del planeta, siempre nuevas y relucientes con sus letreros de plástico y metal, con tiendas atendidas por dependientes mal pagados que llegan y se van sin echar raíces. No, no me gustan esas ciudades habitadas por eternos desconocidos y en las que lo que nos resulta más familiar de las calles es aquello que antes hemos visto en algún anuncio en la televisión (…)

“En un pueblo o barrio con un tejido comercial sano, las calles son más seguras, la vida más agradable, el ambiente más feliz”
Elena de Kireei

El movimiento del “Come local, piensa global” o “Consume local, piensa global” lleva décadas de recorrido pero la sociedad hizo poco caso cuando estaba cegada por los brillos de los centros comerciales y el low-cost de la primera fase de la globalización. Parecía que eso era el ansiado progreso y el amplio abanico del consumo dispobible (fruto de un crecimiento insostenible de la economía en un mundo finito) hipnotizó al colectivo en general.
Y de repente, stop. La crisis fulminante ha demostrado muchas cosas: que había demasiados coches, que las compras no dan la felicidad -ni siquiera un placebo-, que menos es más -es mejor un buen jersey que varios que duran poco-, que tantos objetos disponibles tenían una historia oscura detrás (ver abajo el video “La historia de las cosas“) y que lo pequeño tiene mucho valor.
Esta tendencia a valorar la comida de nuestra zona (fresca y de temporada), a apoyar a los agricultores y productores locales, a crear grupos de consumidores que compran cestas de productos ecológicos y a reforzar los lazos de la comunidad, es un hecho imparable y con un significado más profundo que la penitencia o la moda. Es una filosofía de vida más humana y consciente.

Y en esta línea destaco estos 2 bonitos y descriptivos gráficos diseñados por Kireei (Yo compro en el pequeño negocio local porque…) y La casita de Wendy (Razones para comprar en pequeñas empresas y productos locales) que son todo un manifiesto para que “resucitemos” la economía del barrio/pueblo/comarca y, dentro del sentido común (tampoco pasa nada por compra ocasionalmente y ciertos productos en centros comerciales, internet o de producción lejana), volvamos a dar una vida digna a nuestro entorno.
Las razones para comprar en pequeñas empresas y productos locales son:
  • tienen un carácter único
  • ofrecen un trato personal y cercano
  • contribuyen a humanizar las ciudades
  • dinamizamos la economía local y apoyamos el empleo a nuestro alrededor: el 80% del empleo está creado por pequeñas empresas
  • el comercio es más justo frente a la deslocalización de las multinacionales que fomentan la mano de obra precaria
  • tiende a ser más sostenible: menos transporte y menos contaminación hasta nuestras manos
  • apoyamos a los emprendedores
  • se diversifica la actividad empresarial para evitar que unos pocos lo acaparen todo
  • apostamos por  el civismo, la solidaridad y el estado de bienestar porque el 72% del fraude y evasión fiscal es cometido por grandes empresas
  • se fortalecen los lazos de la comunidad
  • conseguimos soberanía alimentaria y cuando haya una huelga de transporte no nos quedaremos desamparados
  • nos conectamos más con los ciclos de la naturaleza al consumir productos locales de temporada
  • realizamos un consumo responsable
  • aumentamos nuestra calidad de vida
Y además de todo eso, damos un paso hacia la felicidad porque cultivamos las relaciones y salvamos el territorio.
¿Cuáles son vuestras razones para comprar en pequeños comercios?
 

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